Polaroid
Despiertas ambas. Allí está la imagen en suspenso. Sus cabellos derretidos en las almohadas y en las partes de tu piel expuesta a sus intemperies. En la levadura de aquellos instantes tempranos y tibios. Allá afuera en el campo minado de los ensayos del recuerdo… Y el cuerpo, en los tatuajes que las dibujan, las palabras de su misma letra y los animales de fuego. Un movimiento de caída en sus ojos y las sonrisas que se levantan. Los surcos en las caricias de sus labios temblorosos de igual sintonía muslos y pelvis te acompasan.
El
vientre del cielo
En la curvatura del aire, ajena de sí, lloviendo con la mirada.
En la curvatura del aire, ajena de sí, lloviendo con la mirada.
En el destello cuando
ves el foco peludo o el recuerdo frágil es vomitado apenas, vuelto a tragar.
El amarillo del cielo
raso, el amarillo de mis dientes, el amarillo del baño, el amarillo de mi
cielo.
El cielo jadeando
sobre nuestras existencias lo profundo de la nada luminosa…
El ojo de una vaca
decapitada, la virgen al borde del olvido, las amapolas despendolando ciegas…
El amor solar adrede en
su vomito, el verdor de sí, la luz evaporándose…
En cada fuego por
encima de sus cabezas, de lengüetas solares, al igual que los árboles
infernales que renacen; al mismo reinado del imperio solar que muere en
crepúsculos y tormentas.
Reminiscencias
Allá lejos está la cosita esa de nada, la chocita con todos los árboles y el cielo. Las mujeres del camino nos hablaron de lo peligrosa que podría ser la ruta por los deslizamientos de tierra cerca de la montaña y los hombres verdes. Lejos quedo la casa, la vida buena, el hotel mamá. El viento nos susurra con su voz silbosa el comienzo de una tormenta allí en ese punto de la bóveda celeste. No precisamente al sur pero por allá lejos bien lejos está lloviendo y se ve lindo, lo oscuro es bonito. De cuando en vez un insecto es aplastado por el parabrisas y de vez en cuando hundes tu boca en mí, me hurgas mientras veo pasar a las ramas, a la luz del sol irse, y me quedo ciega de placer.
Allá lejos está la cosita esa de nada, la chocita con todos los árboles y el cielo. Las mujeres del camino nos hablaron de lo peligrosa que podría ser la ruta por los deslizamientos de tierra cerca de la montaña y los hombres verdes. Lejos quedo la casa, la vida buena, el hotel mamá. El viento nos susurra con su voz silbosa el comienzo de una tormenta allí en ese punto de la bóveda celeste. No precisamente al sur pero por allá lejos bien lejos está lloviendo y se ve lindo, lo oscuro es bonito. De cuando en vez un insecto es aplastado por el parabrisas y de vez en cuando hundes tu boca en mí, me hurgas mientras veo pasar a las ramas, a la luz del sol irse, y me quedo ciega de placer.
No
son gente
Son pequeños personajes que viven en las cabezas de la gente.
Son pequeños personajes que viven en las cabezas de la gente.
Literalmente viven
allí, en el cuero cabelludo, no es una metáfora ni son ideas abstractas de una
mente vivaz.
Del tamaño de una
pulga.
Son agiles y muy
sensibles.
Nunca fueron vistos o
conocidos por los humanos.
Hasta hace poco pues
la tecnología dio con ellos cuando se detectaron sus ondas de comunicación, que
serían como una especie de ondas cerebrales.
Viven en comunidades
muy reducidas o familias.
Pueden vivir más que
un humano e incluso mucho más que otra especie conocida.
Ya que son muy
resistentes a la intemperie, pero sólo viven en las cabezas humanas.




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