miércoles, 11 de junio de 2014

Fantôme



Polaroid
Despiertas ambas. Allí está la imagen en suspenso. Sus cabellos derretidos en las almohadas y en las partes de tu piel expuesta a sus intemperies. En la levadura de aquellos instantes tempranos y tibios. Allá afuera en el campo minado de los ensayos del recuerdo… Y el cuerpo, en los tatuajes que las dibujan, las palabras de su misma letra y los animales de fuego. Un movimiento de caída en sus ojos y las sonrisas que se levantan. Los surcos en las caricias de sus labios temblorosos de igual sintonía muslos y pelvis te acompasan.




El vientre del cielo
En la curvatura del aire, ajena de sí, lloviendo con la mirada.
En el destello cuando ves el foco peludo o el recuerdo frágil es vomitado apenas, vuelto a tragar.
El amarillo del cielo raso, el amarillo de mis dientes, el amarillo del baño, el amarillo de mi cielo.
El cielo jadeando sobre nuestras existencias lo profundo de la nada luminosa… 
El ojo de una vaca decapitada, la virgen al borde del olvido, las amapolas despendolando ciegas…
El amor solar adrede en su vomito, el verdor de sí, la luz evaporándose…
En cada fuego por encima de sus cabezas, de lengüetas solares, al igual que los árboles infernales que renacen; al mismo reinado del imperio solar que muere en crepúsculos y tormentas.



Reminiscencias
Allá lejos está la cosita esa de nada, la chocita con todos los árboles y el cielo. Las mujeres del camino nos hablaron de lo peligrosa que podría ser la ruta por los deslizamientos de tierra cerca de la montaña y los hombres verdes. Lejos quedo la casa, la vida buena, el hotel mamá. El viento nos susurra con su voz silbosa el comienzo de una tormenta allí en ese punto de la bóveda celeste. No precisamente al sur pero por allá lejos bien lejos está lloviendo y se ve lindo, lo oscuro es bonito. De cuando en vez un insecto es aplastado por el parabrisas y de vez en cuando hundes tu boca en mí, me hurgas mientras veo pasar a las ramas, a la luz del sol irse, y me quedo ciega de placer.



No son gente
Son pequeños personajes que viven en las cabezas de la gente.
Literalmente viven allí, en el cuero cabelludo, no es una metáfora ni son ideas abstractas de una mente vivaz.
Del tamaño de una pulga.
Son agiles y muy sensibles.
Nunca fueron vistos o conocidos por los humanos.
Hasta hace poco pues la tecnología dio con ellos cuando se detectaron sus ondas de comunicación, que serían como una especie de ondas cerebrales.
Viven en comunidades muy reducidas o familias.
Pueden vivir más que un humano e incluso mucho más que otra especie conocida.
Ya que son muy resistentes a la intemperie, pero sólo viven en las cabezas humanas.



lunes, 2 de junio de 2014

Anoresis




Amir

Quisiera entender el escapismo que llena mi corazón. La sensación casi tierna de espereza mezclada con ardor. El desenfreno de llegar sin haber partido.



Fatih

Ambos de pie conversando y besándose al final de la calle, ahí donde empieza la playa, justo allí en el muro blanco. Ella lo empuja con fuerza, repentina, él se resiste, pero lo empuja una vez y otra con más fuerza jadeando y sonriendo, él no entiende su comportamiento aunque ella sea como es, violenta y salvaje… No tiene ni idea, lo que ella desea es que la lleve por primera vez a la cama.



Minda

Solos en la inmensidad, mientras caminamos hacia la playa. Tenma se percata de que no llevo más que mis jeans, y sus manos se introducen en ellas solas. Lo beso y le doy pequeños empujones entre un beso y un beso más dulce y ardiente. Nada más que la oscuridad y el mar son los espectadores, la luz del poste. La suavidad de sus manos en mis nalgas, nuestras bocas contorsionadas, el aliento desdoblado entre mordiscos. La escena es nula para el universo inverso, de alguna manera la existencia tiene otra moldura u otro envoltorio.



Peluchi

Ya en casa, escondidos en mitad de la noche para calmar todo el ardor y las ganas infinitas de hace apenas pocos días. Pues entraron como fantasmas amorales, dispuesto a revertir la carne y sus mitos, nadando en la oscuridad hasta llegar a la habitación. El asunto del amor fue llevado con la mayor levedad sonora, pero era imposible callar del todo aquella lobezna.



Shota

De una vez por todas, poco a poco, se suave.